Shark Dive, 2016

June 08, 2016  •  1 Comment

El tiempo vuela por delante de nuestros rostros y ni si quiera nos damos cuenta hasta que rebuscamos en el pasado una vieja aventura o alguna historia inolvidable.  Después de casi un año de mi último buceo con tiburones y casi todo ya  preparado, solo me faltan 2 días para visitarlos otra vez. Yo todavía cuento la historia como si hubiera sido hace solo unas semanas de lo sucedido. En esta nueva aventura me acompañaran  Ariel y Raúl, dos muy buenos buzos y amigos.
 


 

Decidimos hacer el viaje con Emerald Charters  en Jupiter,  a casi dos horas de Miami, no importa que tan lejos se encuentra este centro de mis zonas habituales de buceo,  es un placer ir con ellos porque  mi última experiencia fue muy placentera, y por otra parte no hay muchas  opciones para este tipo de buceo. 

Para hacernos la vida un poco más fácil y no estar tan agotados en el trascurso del viaje, acordamos quedarnos en un hotel cerca de la tienda de buceo a más o menos  unos 20 minutos de distancia. Saldríamos el sábado 4 de junio por la tarde para podernos levantar temprano, hacer el check out del hotel y  desayunar sin  apuros. Cosa que a Raul no le gustaba al principio pero al final termino viniendo el mismo día (Él no puede vivir sin nosotros).
 


 

Por fin llego el esperado sábado, nos deberíamos encontrar en mi casa para ir en un solo carro. El primero en llegar fue Ariel, el como siempre temprano para todo los lugares. Y el ultimo también como siempre Raul. Nos dimos unos tragos de ron para ir entrando en calor y partimos como a las 6 de la tarde hacia Jupiter. Al llegar hicimos el check in en el Hotel y salimos a comer ya que estábamos muertos de hambre. Después de muchas vueltas y mucha indecisión llegamos como por arte de magia a Duffy's Sports Grill. La verdad que no nos podemos quejar del trato ni de la comida, para que decir que comí como una animal literalmente, por lo menos eso es lo que me dijeron mis amigos.

 

Estando ya en el hotel y ya casi rondando las 10 de la noche, nos dispusimos armar nuestras cámaras para tenerlo todo listo para la mañana siguiente. Y es cuando me doy cuenta que me faltaba el ring de zoom para el lente Tokina. Ahi  empezó Cristo a padecer, o mejor dicho, empecé yo a padecer. Tenía dos opciones, o me metía al agua sin zoom en mi lente, cosa que no me gustaba para nada, o manejaba dos horas hacia Miami. Me decidí por la segunda, trayéndome como consecuencia  dormirme a la una de la mañana pero con el ring puesto en la cámara.

Por fin el Domingo 5, las alarmas de los teléfonos sonaron desde las 5 y 45 de la mañana. Nos levantamos con sueno y ansiosos al mismo tiempo. Ya nuestras mentes estaban preparas para lo que venía, pero en realidad  nunca imaginamos que tendríamos una aventura como la que nos esperaba en el camino. 

Llegamos a las 7 en punto de la  mañana a la tienda para firmar los papeles, rentar los tanques y lo más importante de todo (Pagar). Donde también conocimos a  una pareja con la cual  ya no contábamos con su presencia Mario e Ivania. Que llegaban  en el mismo momento en  que me disponía a tirarle la foto a mi querido amigo.

Llenamos el carro de cosas, tanques, equipos más las cosas que ya traíamos, la verdad no le cabía ni una mosca más. Ya solo nos faltaba agua y tiburones. Al llegar al puerto, pensando encontrarnos a Randy, grande fue  nuestra  sorpresa que nos habían cambiado al guía porque Randy estaba de vacaciones. Ahí conocimos a Josh, un muchacho joven de aspecto surafricano pero en realidad era americano.

Partimos del puerto alrededor de las 8:30 de la mañana después de una explicación del capitán del barco que según él le encantaba ese mini discurso. Salimos como a 4 millas de la costa porque no se puede alimentar a los tiburones en menos de 2 millas de distancia. Todos querían ver tiburones, yo la verdad lo que me hacia ilusión era ver al tiburón martillo, cosa que no paso.
 

Al fin llegó el momento más esperado de toda esta historia, saltar al agua y ver nuestros primeros pececitos. Sería un buceo un profundo sin llegar a ser extremo, 91 pies de profundidad, estaríamos en la Proa de un barco hundido esperando que el guía diera la señal para bajar hacia la arena, donde nos encontraríamos arrodillados mientras Josh alimentaba los animalitos. Para mí era un buceo ya conocido porque sería mi segunda vez en ese lugar lo que me fue fácil posicionarme para cuando dieran la señal de caer en la arena como una roca. Todo lucia como la primera vez, los mismos 4 o 5 enormes chernas (Groupers)  dando vueltas y curioseando por todo el lugar, lo que esta vez los tiburones no se hicieron esperar mucho. Esperando por la señal me puse a pensar en el buen rato que tuve hace un año atrás en ese lugar, fue la primera vez que estuve cara a cara con un tiburón.  Cuando de pronto el guía dio luz verde para bajar, de más estar decir que lo que callo en la arena fue un ancla. Me posicione como a 4 pies de Jonh, a mi derecha Raul que después me entere que no lo dejaba tirar video porque le ponía el flash delante de su cámara  y a mi izquierda alguien jugando con la arena, algo que no podía creer,  estar a 90 pies de profundidad, pagar y estar con dos o tres tiburones dando vuelta y estar jugando con la arena. Pero ahí es donde ves que cada cual se entretiene a su manera pero que mala manera y que mal lugar.

La verdad que no salí muy contento, porque tenía la esperanza de que aparecieran más de tres tiburones. Y para rematar tenía un poco de problema con el suministro de aire, cosa que al principio pensé que era debido al regulador que necesitaba servicio, pero después me di cuenta que el problema fue el tanque (Yo), que se quedo medio cerrado.

Al salir lo primero que hice fue preguntarle a Ariel que le había  parecido y por la expresión de su cara me dio a entender que no le pareció nada del otro mundo. Algo que no me cogió por sorpresa porque yo pensé lo mismo.

Alrededor de las 10 de la mañana pues saltamos al segundo buceo, donde supuestamente debíamos ver tiburones tigres, cosa que nos explicó muy bien John, que no nos separáramos mucho al subir, ya que los tiburones tigres son muy curiosos y era lo mejor para evitar sorpresas desagradables.

Llegamos al barco donde nos sentaríamos en un borde para ver el espectáculo del guía alimentando a los tiburones, y nosotros como en un circo, sentado en los palcos.

Ahi si aparecieron tiburones, y cuando digo tiburones eran tiburones. En el primer vistazo, sin ni siquiera sacar un pez de la caja que tenía John, ya había unos dos Limones dando vuelta alrededor de la patana media virada de lado que estaba hundida en el fondo. Nos posicionamos y empezaron a llegar animales por todo lados, roncos, cobias, 6 o 7 tiburones limones, chernas  y peces perros, en fin una cantidad de pequeños peces increíbles, cosa que ni siquiera notaba la mayoría de nosotros, al estar concentrados solo en los tiburones y en espera de un tiburón tigre que no lo veía por ningún lado.

Después de un rato y casi sin notarlo el tiburón tigre apareció de la nada rompiendo la tranquilidad que John supuestamente tenía entre los limones y los peces que comían con frenesí alrededor de él. Wow! que pez, que belleza de animal! Era la primera vez en mi vida que lo veía frente a mí, y la verdad no quería perderme ni un movimiento de ese maravilloso monstruo.

Apareciendo y desapareciendo fue pasando el tiempo hasta que nos hicieron la seña para subir a la superficie. Estábamos contentos e impresionados por lo que habíamos presenciado sin imaginar lo que nos estaba esperando en los próximos 70 pies hacia la superficie.  

El tigre por suerte desapareció el en ascenso hacia el barco, cosa que no puedo decir de los limones los mismo 6 o 7 tiburones que hacia un rato disfrutábamos con mucha felicidad, pasaron a preocupación ya que al ser muchos no sabíamos por dónde venían. Fue muy intenso, cuando menos te lo imaginabas buff ahí había uno a tu lado. Llegamos al barco casi dando gritos, no de miedo pero se podía sentir la adrenalina en el ambiente, todos querían contar sus historias, porque desde cada punto de vista el relato era diferente.

Después de una  buena merienda, la mejor que he visto en un barco de buceo desde que comencé  en este bello deporte hace más de 9 años; regresamos al agua otra vez ansiosos por ver tiburones sobre todo al Tigre. Nuestra locura, como todo el mundo dice al mostrarles las fotos y videos tomadas ese día  habían cesado,  pero esta vez pensando si pasaría lo mismo a la hora de la subida. Ariel casi llegando abajo me hiso señal de que quería subir porque tenía frio, pero después se arrepintió porque lo vi en la subida. Parece que no quería atravesar el solo el azul con tantos dientes nadando por ahí, eso pensé. Raul también tuvo su contratiempo al reventársele la manguera de su octopus, suerte que no fue mucho y pudo seguir con el buceo sin ningún tipo de problema. Después de todo esos pequeños percance si así  se pueden llamar fueron solucionados. Continuemos a lo que íbamos, mucho más peces, y se unieron como 5 tiburones más de lo que ya habían en la inmersión anterior también llegaron a la fiesta. Apareció otro tiburón tigre esta vez un poco más grande que el otro y también un poco más curioso. Este pececito hiso brincar más de una vez a John porque aparecía de la nada y le quería meter el diente a todo lo que se le apareciese en el camino. Cosa muy normal en tiburones tigres,  curiosidad y  fuerte mordida lo describen a la perfección,  ya ahí el cuidado que hay que tener cuando se bucea entre estos animales.  Entre foto y video llego el momento de subir. En decir verdad y estoy seguro que para todo nosotros serían los 70 pies más largo de nuestra historia de buceo. Ahora ya no eran 6 o 7, llegue a contar eran 14 tiburones con hambre y curiosos. Por suerte vi cuando el tigre se retiraba y se perdía en el basto azul que tenía frente a mi ojos, pensé algo menos de que preocuparse.

Tiburones por todos lados derechos, izquierdos, arriba y abajo. Para donde movieras la vista veías  peces enormes medio amarill-grisoso nadando con una tranquilidad envidiable. Llego un momento donde no fue miedo lo que sentí pero si me sentí un poco incómodo viéndome en más de una ocasión quitándome tiburones de la cara como si fueran moscas. Así fuimos subiendo con las paradas de seguridad y portándonos como unos machitos hasta que llegamos al barco. Fui unos de los últimos en subir y ahi estaban todavía rodeando el barco, y ya la caja de carnada se encontraba fuera del agua, llegue a pensar que se querían ir en el barco con nosotros.



Ya en el barco sanos y salvo literalmente, solo reíamos y nos contábamos lo que todo había vistos. Algunos mostraba sus fotos y videos y otro todavía no salían del asombro. Y otros como Ariel se sentó en la parte de atrás del barco a vomitar porque según él había comido mucho. Entre cuento, risas y cambios de teléfonos llegamos al puerto donde nos despedimos de la tripulación y le dimos las gracias (Propina) por el maravillo día que no habían regalado.

Regresamos a la tienda para dejar los tanques y regresar a Miami. La palabra cansancio no describe lo que yo sentía en ese momento pero todavía quedaban 2 horas de viaje hacia mi casa.
 

Un pequeño video tomado por Ariel en uno de los mejor momentos del día y eso que tuvimos mucho. Siempre la un pequeño click y unas cuantas imágenes realizan mucha mejor descripción de cualquier acontecimiento que mil palabras. 


Se puede acceder directamente a la galería Aquí.


 


Comments

Nandu(non-registered)
¡Qué pasada de inmersiones!. Al final valió la pena la excursión y los viajes de aquí para allá.
Me alegro mucho de que lo disfrutaran. ¡Envidia es lo que da la crónica! :-)

Un abrazo.
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